… Y es que son en estos días - los de nubes con una brisa fría - en donde la nostalgia me ataca.
Tomo mi fiel mp3, un cuaderno y comienzo a revivir cada momento, cada gesto, cada sonrisa y cada mirada de aquel día.
Tomo mi fiel mp3, un cuaderno y comienzo a revivir cada momento, cada gesto, cada sonrisa y cada mirada de aquel día.
Viernes, 19.10 pm, uno de nuestros parques favoritos, tú y yo.
Estaba tan nerviosa, no sabia que esperar, sólo estaba segura de una cosa: aún te quería y más de lo que yo pensaba.
Estaba tan nerviosa, no sabia que esperar, sólo estaba segura de una cosa: aún te quería y más de lo que yo pensaba.
En tus brazos, mi piel se erizaba de una manera única, las mariposas en mi vientre no dejaban de agitarse y yo sólo pensaba en tú siguiente movimiento; ya estábamos lo suficientemente cerca y cualquier movimiento, por muy mínimo que fuese, haría que nuestros labios se rozaran.
Lo evité, juro que pensé cada movimiento antes de ejecutarlo, pero mis nervios me traicionaron y ahí estábamos, volviendo otra vez a esa relación “adicción-necesidad” que tanto mal nos hacía pero al mismo tiempo, nos hacia feliz.
Desde ese día, decidí cortar toda relación, sabia que estábamos cayendo en un juego que no nos haría bien y eso es lo que menos quería, un sufrimiento innecesario.
Hoy, meses después de aquel viernes, vuelves nuevamente a mi vida, con un objetivo fijo que sólo tú sabes pero que esta vez, no soy yo la que interpretará el papel principal. Sólo seré un espectador más de aquella obra que tanto me gusta.